Perdidos en la hipertextualidad

La familia de Perdidos, al completo
La familia de Perdidos, al completo. Fuente: Sensacine

Pocas series en la historia pueden estar tan orgullosas de sí mismas como Lost (“Perdidos” en España). Para aquellos que todavía no  hayan disfrutado de ella, es de tener en cuenta que desde el punto de vista de la comunicación, Lost supone un hito televisivo gracias a su original forma de narrar y de  contar una historia con eficacia, maestría y además entretenida.

Las grandes bazas con las que siempre ha contado esta serie, más allá de la complejidad de su trama y guion, son el manejo del tiempo y de los personajes. El espectador se sitúa como un narrador omnisciente, al que se le va presentando la información con cuentagotas, por lo que cree saberlo todo pero, en realidad, los autores están manipulando la información con el objetivo de hacer más atractiva la trama.

De este modo, los personajes y sus vidas se encuentran conectados por una serie de redes.  Esta explicación, llevada a la hipertextualidad, se traduce en “una escritura no secuencial, que se bifurca, y que permite que el lector elija, y que se la mejor una pantalla interactiva. Se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que formas diferentes itinerarios para el usuario” (Nelson).  En Lost, el juego va más allá, puesto que aparece un segundo factor: el tiempo. Durante los capítulos se muestran una serie de saltos en el tiempo (flashback y flashforward) en los que aparece la vida de los personajes antes y después de caer en la isla. Como vemos, las redes aquí se dividen más que nunca y hacen que el texto todavía sea más interesante para el espectador. Muchas de las vidas de los principales caracteres se cruzaron en el pasado, años antes de estrellarse en la isla, solo que no son conscientes de ello en ningún momento. Sí lo es el espectador, que va tejiendo los hilos para configurar la historia. Es posible afirmar, al fin y al cabo, que la fuerza de Lost reside en la historia conectada de los personajes, es decir, en el hipertexto.

Un ejemplo que ilustra a la perfección hasta qué punto estas redes pueden cruzarse es el episodio llamado La constante, de la cuarta temporada, en el que personajes, espacio y tiempo son entrelazados de una forma magistral.

Por otra parte, la serie rinde pequeños homenajes a hipotextos como la obra “Nuestro común amigo” de Charles Dickens, o “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James. Son solo algunos de los muchos ejemplos que muestran la hipertextualidad en Lost, y que entrañan, al fin y al cabo, la fuerza y el éxito de la serie.

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